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La Kominform.

Kominform es la abreviatura de Oficina de Información de los Partidos Comunistas y Obreros, organización comunista creada a instancias soviéticas en 1947. Su creación fue la respuesta de Stalin al Plan Marshall y con ella buscaba agrupar a los partidos comunistas de la zona bajo influencia soviética (Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria y Rumanía), a ella se sumaron los poderosos partidos comunistas de Francia e Italia. Se trataba de aglutinar bajo unas directrices comunes de actuación al bloque soviético en los inicios de la guerra fría. En su reunión inaugural, el representante soviético y miembro del Buró del PCUS, Andrei Jdanov, pronunció un discurso en el que puso las bases de la doctrina soviética en política internacional (Doctrina Jdanov). Las líneas esenciales de actuación de la nueva organización se basaban en el intercambio de información y experiencias, en la coordinación de actuaciones y en la ayuda mutua entre los partidos comunistas. En la práctica, la Kominform sirvió como instrumento a las órdenes del gobierno de Moscú ante el desafío occidental concretado en la doctrina Truman y el Plan Marshall. Muy pronto, sin embargo, la Kominform asistió al primer gran cisma en el mundo comunista: la Yugoslavia de Tito fue acusada de desviacionismo de la doctrina marxista-leninista. Fue un comunicado de la Kominform en junio de 1948 el que proclamó la condena del régimen de Tito. Tras la muerte de Stalin en 1953, la Kominform entró en proceso de decadencia, siendo finalmente disuelta en 1956.

El Discurso Jdanov.

Autor: Andrei Alexandrovich Jdanov. Miembro del Politburó desde 1938 que en 1947 Promovió la creación de la Cominform. Este fue el discurso original de la kominform la cual se reunio por primera vez en Szklarska Poreba (Polonia), el 22 de septiembre de 1947 y que fue dirigido hacia los líderes de 9 Partidos Comunistas de Europa (URSS, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania, Yugoslavia, Francia e Italia: "La terminación de la segunda guerra mundial ha producido cambios esenciales en el conjunto de la situación mundial (...) El resultado principal de la segunda guerra mundial fue la derrota militar de Alemania y del Japón, los dos países más militaristas y agresivos del capitalismo. Los elementos reaccionarios e imperialistas del mundo entero, y particularmente de Inglaterra, de los Estados Unidos y de Francia, habían depositado ciertas esperanzas en Alemania y en el Japón (...) En consecuencia, el sistema capitalista mundial, en su conjunto, ha sufrido nuevamente un duro revés (...) el resultado de la última contienda, con el aplastamiento del fascismo, con la pérdida de las posiciones mundiales del capitalismo y con el robustecimiento del movimiento antifascista, ha sido la separación del sistema capitalista de toda una serie de países de la Europa central y sudoriental (...) La importancia y la autoridad de la URSS han aumentado considerablemente después de la guerra. La URSS ha sido la cabeza rectora y el alma del aplastamiento militar de Alemania y Japón. Las fuerzas democráticas progresistas del mundo entero están agrupadas en torno a la Unión Soviética. (...) La finalidad que se plantea la nueva corriente expansionista de los Estados Unidos es el establecimiento de la dominación universal del expansionismo americano. Esta nueva corriente apunta a la consolidación de la situación de monopolio de los Estados Unidos sobre los mercados internacionales, monopolio que se ha establecido como consecuencia de la desaparición de sus dos mayores competidores —Alemania y Japón— y por la debilidad de los socios capitalistas de los Estados Unidos: Inglaterra y Francia. Esta nueva corriente cuenta con un amplio programa de medidas de orden militar, económico y político, cuya aplicación establecería sobre todos los países a los que apunta el expansionismo de los Estados Unidos, la dominación política y económica de estos últimos reduciría a estos países al estado de satélites de los Estados Unidos e instauraría unos regímenes interiores que eliminarían todo obstáculo por parte del movimiento obrero y democrático para la explotación de estos países por el capital americano. Los Estados Unidos de América persiguen actualmente la aplicación de esta nueva corriente política no sólo a los enemigos de guerra de ayer o a los Estados neutrales, sino también y de manera cada vez mayor, a los aliados de guerra de los Estados Unidos de América. Se concede una atención especial a la utilización de las dificultades económicas de Inglaterra, aliada y al mismo tiempo rival capitalista y competidora de los Estados Unidos desde hace mucho tiempo. La corriente expansionista americana tiene como punto de partida la consideración de que no sólo será necesario no aflojar la tenaza de la dependencia económica respecto a los Estados Unidos, dependencia en la que Inglaterra ha caído durante la guerra, sino, al contrario, hacer más intensa la presión sobre Inglaterra a fin de arrebatarle sucesivamente su control sobre las colonias, eliminarla de sus esferas de influencia y reducirla progresivamente a una situación de vasallaje. (...) Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket Pero en el camino de sus aspiraciones a la dominación mundial, los Estados Unidos se han encontrado con la URSS, con su creciente influencia internacional, que constituye un bastión de la política antifascista y antiimperialista de los países de nueva democracia que han escapado al control del imperialismo anglonorteamericano; con los obreros de todos los países, comprendidos los de la misma América, que no desean una nueva guerra imperialista en provecho de sus propios opresores. (...) Los profundos cambios operados en la situación internacional y en la de los distintos países al terminar la guerra, han modificado enteramente el tablero político del mundo. Se ha originado una nueva distribución de las fuerzas políticas. A medida que nos vamos alejando del final de la contienda, más netamente aparecen señaladas las dos principales direcciones de la política internacional de la posguerra, correspondientes a la distribución de las fuerzas políticas en dos campos opuestos: el campo imperialista y antidemocrático, de una parte, y el campo antiimperialista y democrático, de otra. Los Estados Unidos representan el primero, ayudados por Inglaterra y Francia (...) Las fuerzas antiimperialistas y antifascistas forman el otro campo. La URSS y los pueblos de la nueva democracia son su fundamento. Los países que han roto con el imperialismo y que resueltamente se han incorporado a la democracia, como Rumania, Hungría, Finlandia, forman parte de este campo, al que se han añadido, además, Indochina, el Vietnam y la India. Egipto y Siria son simpatizantes."

Expulsion de Yugoslavia.

En junio de 1948, pocos meses después de producido el golpe de Estado de febrero en Checoslovaquia, el partido yugoslavo fue expulsado de la Kominform. La noticia de este acontecimiento causó una sorpresa tan grande en el mundo occidental que muchos creyeron que se trataba de una trampa: hasta ese momento, ninguna dirección comunista de un país de la Europa sovietizada se había separado de la línea de actuación marcada por Moscú. Además, si por algo se había caracterizado la Yugoslavia de Tito había sido por la rapidez y la decisión con que parecía haber cumplido el programa que luego se aplicó en los demás países del área. Allí, en efecto, desde fecha muy temprana, los comunistas habían mostrado su voluntad de tomar el poder político en su totalidad, de eliminar al adversario y de llevar a cabo un programa de colectivizaciones masivas. En realidad, lo sucedido en este caso puede ser definido, por esa identidad sustancial, más como una herejía que como un cisma. También debió ser una sorpresa la ruptura con Tito en el propio seno de la Kominform: a fin de cuentas, la agresiva actitud del dirigente yugoslavo resultaba muy similar a la que adoptaron Zdanov y Molotov por la misma época. El segundo llegó a sugerir que la Kominform se estableciera en Belgrado. Pero los problemas entre los Partidos Comunistas de ambos países habían sido tempranos y graves. Tito ya se quejó de la escasa ayuda concedida por los soviéticos durante la guerra misma. Los líderes comunistas yugoslavos, por otro lado, habían sido mucho menos dependientes de Moscú, porque habían hecho la guerra en su propio país. Llegada la hora de la ruptura con Tito, los soviéticos trataron de apoyarse precisamente en aquellos que habían estado durante más tiempo en la URSS. Durante la guerra, Stalin había criticado la actitud demasiado izquierdista de los seguidores de Tito, que no habían tenido inconveniente en exterminar a quienes calificaban de "kulaks" y en destruir edificios religiosos. También se quejó de no ser atendido respecto a su idea de la creación de un frente amplio que los comunistas pudieran dominar desde dentro. Aludiendo a lo que objetivamente era cierto -la carencia de un proletariado industrial en Yugoslavia-, repudió un frente amplio formado por campesinos que, en su opinión, no podría realizar una verdadera revolución proletaria. Por su parte, el régimen de Tito, una vez obtuvo el triunfo, siguió una política estalinista al concentrar sus esfuerzos en la creación de grandes industrias pesadas, atendiendo muy poco a la agricultura y el consumo. La URSS dejó claro que no ayudaría al desarrollo económico yugoslavo y de hecho impuso compras de materias primas minerales a unos precios artificialmente bajos. También exigió un tratamiento especial a su cultura, mientras que agentes soviéticos eran introducidos en el seno de la Administración y en el aparato de seguridad del régimen. Es probable que esto último fuera lo verdaderamente decisivo a la hora de la ruptura. Tito, por su parte, se comportó con audacia e independencia, sin tener en cuenta posibles peligros por parte del mundo occidental: como ya es sabido, no dudó en abatir aviones norteamericanos que volaban sobre Yugoslavia y quiso permanecer en Trieste, mientras que Stalin aseguraba que esta ciudad no merecía otra guerra. Pero, sobre todo, afirmó que la vía yugoslava era perfectamente lícita y que no dependía de nadie desde el punto de vista de la política exterior. En julio de 1947, llegó a un acuerdo con Bulgaria respecto de la creación de una posible federación balcánica. Eso hizo que los comunistas griegos insistieran en su esfuerzo militar con su colaboración. Tito parecía aspirar a dominar los Balcanes, al mismo tiempo que mantenía una política radical en todos los terrenos que a Stalin le pudo parecer imprudente. Los soviéticos parecen haber aceptado en un primer momento que se hiciera con Albania e incluso la federación con Bulgaria pero luego cambiaron radicalmente de opinión. El giro se produjo cuando se dieron cuenta de que Tito no disentía de nada en los principios del estalinismo, pero que no estaba dispuesto a dejarse manejar, ni tampoco a que se considerara a Yugoslavia como una especie de peón en el ajedrez del panorama internacional. Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket En febrero de 1948, Stalin convocó a búlgaros y yugoslavos -que enviaron a Kardelj como su representante- para negar su apoyo a la Federación balcánica y a la toma de Albania por Tito, así como para vetar la guerra civil griega. Explicó ahora que sólo estaba de acuerdo con una federación formada por dos unidades y no con Bulgaria como una república más de un conjunto federal, que era lo que había imaginado el líder yugoslavo. Lo que temía era una unidad política independiente y fuerte que pudiera poner en peligro su absoluto control del glacis defensivo que había pensado crear en Europa del Este. Resulta posible que pensara que la herejía yugoslava, unida a la victoria de Mao con una revolución autónoma y campesina en China, podía tener peligros objetivos para su dirección del movimiento comunista. Ya en marzo, la situación entre los dos partidos se hizo insostenible. Tito sólo quería evitar la subordinación yugoslava y todo hace pensar que para él la ruptura con Moscú fue la más traumática de sus experiencias vitales. El intento de penetración de los soviéticos en la estructura del Estado yugoslavo provocó de forma irreversible al enfrentamiento. Pero al producirse la ruptura, Tito se mostró muy prudente. En abril, Herbrang, el dirigente principal de los estalinistas, persona capaz de convertirse en relevo de Tito, fue detenido y probablemente debió ser asesinado a continuación. En el mismo mes de marzo, Stalin había retirado ya a sus asesores de Yugoslavia. Cuando propuso a los yugoslavos una reunión en el Kominform para solventar sus diferencias, ya toda posibilidad de llegar a un acuerdo sin sumisión era muy remota. Tito se negó a enviar emisarios a la reunión y, como resultado, quedó consagrada la definitiva división. Stalin estaba tan convencido de su propia fuerza en el seno del movimiento comunista de todas las latitudes, que aseguró que si movía tan sólo un dedo acabaría por librarse de Tito; quizá en algún momento hubiera podido contentarse con tan sólo aceptar un acto de sumisión. El líder yugoslavo, sin embargo, consciente del peligro que corría, actuó de forma habilidosa. Reunió en julio un congreso de su partido, donde se discutió libremente. Hizo entonces pública su correspondencia con otros Partidos Comunistas y atacó a la Kominform, pero no a Stalin. El principal ideólogo del comunismo yugoslavo, Djilas, aseguró que no existía diferencia alguna entre Stalin y los comunistas yugoslavos. Los asistentes mezclaron en sus gritos de ritual los nombres de los dos dirigentes comunistas. Todavía, por parte de los seguidores de Tito, seguía existiendo un resquicio de posibilidad de llegar a un acuerdo. Pero persiguieron a los supuestos o reales seguidores de la Kominform y los ejecutaron o confinaron: en Goli Otok, una especie de "gulag" yugoslavo, entre 1949 y 1952 hubo unos 12.000 detenidos. La respuesta de los soviéticos no se hizo esperar. En Albania, el país más amenazado por estar casi totalmente rodeado por Yugoslavia, el ministro del Interior fue detenido, acusado de ser partidario de Tito. A partir de este momento el lenguaje empleado contra los seguidores del presidente yugoslavo arreció en virulencia: ya se empezó a emplear contra ellos calificativos como el de "criminales fascistas". En el verano de 1949, los países de la Kominform impusieron sanciones a Yugoslavia.

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Todavía por esas fechas la actitud de los norteamericanos respecto a Tito era dubitativa. En ese año, enviaron paracaidistas que habían sido antiguos "chetniks" destinados a crear subversión interna. Pero, poco después, empezaron a ver en la evolución yugoslava un factor positivo para sus intereses. De hecho, Kennan, que había sido embajador en Yugoslavia, había previsto la posibilidad de una fragmentación del universo comunista. Yugoslavia no sólo se benefició del Plan Marshall -a diferencia de otra dictadura europea, la de Franco- sino que llegó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con el apoyo norteamericano. Reducido el comercio con la URSS a la mínima expresión, Belgrado lo canalizó hacia Occidente y Estados Unidos no tuvo inconveniente en devolverle el oro que había pertenecido a la derrocada Corona. Consciente de que no podía acabar con la disidencia yugoslava mediante la subversión interna, Stalin parece haber pensado en la posibilidad de una invasión a partir del verano de 1950. En 1951, Djilas visitó Gran Bretaña para solicitar ayuda militar. La posición norteamericana parece haber estado dispuesta a la colaboración en la defensa yugoslava en el caso de que los atacantes fueran los aliados de la URSS, pero tan sólo a emplear la bomba atómica en el caso de que fueran los soviéticos los invasores. En Yugoslavia, la voluntad de resistencia frente a una eventual invasión soviética parece haber sido firme y clara en todos los sectores dirigentes. En un principio, el régimen se radicalizó en medidas como la colectivización, para demostrar que estaba muy lejano a los propósitos derechistas que se le atribuían. A continuación, buscó una forma original o un modelo propio por el procedimiento de proponer la autogestión y los consejos obreros en las fábricas. En realidad, en los primeros años, este modelo no supuso sustanciales diferencias con el estalinista, porque las elecciones a los consejos obreros de las fábricas eran controladas por un sindicato sometido al partido único y porque era la planificación central la que debía proporcionar los recursos a invertir. El régimen yugoslavo, sin embargo, no impuso nunca las pautas culturales del realismo socialista. Además, hubo en él mayor flexibilidad respecto de la oposición, al menos en cuando procedía de la ortodoxia: cuando Djilas empezó a evolucionar hacia el polipartidismo tardó en ser sancionado y las penas que recibió fueron relativamente suaves. Los yugoslavos llegaron a concluir que la eliminación de la propiedad privada en el estalinismo había dado lugar al predominio de una nueva clase basada en la dominación burocrática. Zdanov, por su parte, acusó a los yugoslavos de estar infiltrados por es pías británicos desde épocas remotas y de ser los culpables de la derrota de los comunistas griegos.